
Alguien me preguntó hace poco que opinión tenía sobre esta nueva experiencia: “pertenecer a la cuarta década”… y debo reconocer que hasta entonces mi paso en ella había sido graciosamente inadvertido, tal vez no fue un hecho determinante en mi vida o que haya motivado un clic reaccionario. Me da la impresión que el marketing ha puesto de moda los cuarenta para alquilar salones y organizar grandes eventos como si después de ellos nos llegara el apocalipsis. Tampoco me ha significado un momento de introspección y meditación, de cambios o de crisis.
No soy mujer de hacer balances ni ahondarme demasiado en el pasado, mas bien sigo cuesta arriba con la convicción de que lo que he vivido lo he elegido, disfrutado y en consecuencia voy cargando gustosa mi equipaje. Pero si pararme en este punto y hacer bisagra en él me reportara algo seguramente sería el desparpajo de andar por la vida haciendo lo que quiero como quiero; la tranquilidad que nos brinda la experiencia y la madurez; la practicidad que se adquiere con los años y la alegría del positivismo. El sosiego de saber que no tengo cuentas pendientes conmigo misma porque cada cosa la he vivido en su justo momento… e infiero que acá reside la base del “cero rollo”: Vivir cada etapa a pleno nos otorga coherencia y plenitud.
No tengo idea de que implique ser -como dice Arjona- “una señora de las cuatro décadas”, solo sé que lo ideal sería entrar en ella con:
• Un bagaje rico en experiencias, las suficientes como para tener algo que contar cuando lleguemos a mayores
• La posibilidad de ser nosotras quienes aportemos el consejo oportuno.
• Con sueños concretados pero con muchos proyectos por realizar.
• Con la mágica experiencia de haber vivido el amor y de haberte sentido amada -porque como siempre digo- muchas personas seguramente morirán y no habrán conocido el amor.
• Con la altura suficiente de poder dejar atrás una etapa de juventud sin resistencia a la belleza que brinda la madurez.
• Con solvencia e independencia aunque esté casada o viva en pareja, ya que no hay nada mas envidiable que una mujer que pueda ser ella misma sin padecer de despersonalización…
• Y lo más importante: Las ganas de ser trasgresora!
Si no trasgredimos la regla que asegura que aquí yace la mitad de nuestras vidas, seguramente así será… Todo lo que creemos se aferra a nosotros. No hace falta hacer el ridículo pero hay que animarse a ser una pendeja de cuarenta. El seno de la juventud está en el alma y no en un vestido corto y apretado... Te cantè las cuarenta! :)
Claudia Kant

Qué linda torta Clau!! Creo que quedé obsesionada con ese temita culinario, jajaja!!!
ResponderSuprimirCon respecto a la edad, me pasó que quise festejar mis 30, pero por razones personales fuertes, no se dio.
Y en breve estaré cumpliendo 34 años, y te aseguro que no puedo creer lo rápido que pasó todo.
Es cierto lo que decís: la madurez, la experiencia de lo vivido, los consejos que podemos aportar, el sacarle la ficha a mucho, y ser transgresora!!!
Me pasa que muchas veces, recordando a la jovencita que fui, la siento tan lejana que me gustaría volver en el tiempo y decirle: Tranquila, disfrutá más, todo tiene solución, resignación y vas a tener una hermosa hija.
Qué loca, no!!! Jajajaja!!!
Besotes gigantísimos!!! Que tengas una hermosa semana!!!
jajaja Quien pudiera hacer tortas asì, no?
ResponderSuprimirVos sos una pendeja en todo sentido! asi que no me hables de resignaciòn jajajaaaaaa
Al margen, es como decis, cada cosa tiene su lugar... por eso hay que vivir plenamente para no tener cuentas pendientes con una misma.
La belleza de una mujer se acompaña de experiencia y madurez. La experiencia ùnicamente se adquiere "viviendo".
Gracias Pau por tu generosa visita. Un gran abrazo y mas besos para vos :)