Los mas diversos temas vistos con ojos de mujer.

lunes 5 de julio de 2010

La homosexualidad NO SE CONTAGIA. Lo admito con conocimiento de causa.



Desde que tengo uso de razón ella y yo fuimos amigas. Basta con repasar en la mente el más recóndito recuerdo de mi niñez que “ella” ya aparecía en ellos. Fuimos amigas desde que nacimos y fuimos las mejores amigas.
Supongo que mi personalidad se ajustaba perfectamente a su ímpetu, a su búsqueda permanente de emociones. Yo podía acompañarla y ella en cambio sabía respetar mis decisiones. Bajo estas implícitas consignas compartimos juegos que no se ajustaban a mis necesidades de niña pero que sin embargo me resultaron divertidos y excitantes -como cuando fuimos campeonas de metegol, o aquella vez cuando no supimos como justificar el dinero que teníamos fruto de haber ganado una apuesta de villar en el bar mas detestable del barrio - Siempre en claro y manifiesto contraste hemos transitado la niñez… ella con sus eternos y desarrapados pantaloncitos cortos y yo de impecables vestiditos con moños. Ella siempre trepándose a los árboles, trompeándose con algún chico y yo gritando para que se separen. Ella era como un mix de dos personitas en una: a su lado podía tener todo lo que un hermano mayor te puede enseñar (aunque es menor que yo) y también podía compartir mi montaje para jugar a las muñecas -solo que mientras yo armaba la casita mi amiguita tomaba las herramientas del abuelo y se encargaba de reparar los supuestos muebles- No se porque, no podría decirlo, pero en aquel momento para mí era muy normal que siempre use el mismo nombre para jugar… “Ezequiel” era su personaje, su otro yo en aquel mundo de fantasías que le permitía fluir. En cambio sí podía advertir que ella se sentía cómoda adoptando un rol masculino (mi hermano, el tío, el mecánico, el carpintero) y yo lo veía con naturalidad, me gustaba sentir que ambas disfrutábamos de lo que hacíamos sin prejuicios ni rollos que solo la inocencia de la niñez puede brindar.
Pasaron los años y mientras a mi hermanita del corazón se le agravaba la voz yo trataba de vestirme como Madonna. Ella coleccionaba pantalones de jean y yo sin que se diera cuenta mi madre acortaba mis minifaldas e iba incursionando en los temas de adolescentes (ropa, chicos, salidas) mientras que hoy a la distancia puedo intuir que ella se refugió en el estudio y construyó así una muralla contenedora que a buen resguardo le servía de fundamento para no acompañar mis inquietudes del momento.
“No hay peor ciego que el que no quiere ver” esa frase chocaba con constancia en mis oídos como una bofetada en una época donde no era común hablar de lesbianismo, que el hombre gay era la escoria de la sociedad, el sida considerado una peste que atacaba a todos por el simple hecho de tocar un homosexual… y yo me resistía a ver esa verdad y juro que no por prejuicio (porque no sabría en ese momento como reaccionar, ni discriminar, ni sabía exactamente de que hablábamos porque simplemente no era un tema o un caso común) Me dolían los comentarios mal intencionados como le puede doler a una hermana, me abochornaba, pero por sobre todo me daba vergüenza que se atrevan a pensarlo, me avergonzaba la vergüenza ajena. ¡Imposible! Le gustan los chicos argumentaba yo enseguida (recordando que conmigo hablaba de chicos, escuchábamos a Luis Miguel fanatizadas) ¡si así fuera yo lo sabría! ¡No, no podía ser!
Tal vez fui demasiado egoísta y siempre le hable de mi, de mis conquistas y nunca le di pié para que se explayara en este tema y abriera su alma y su corazón con confianza.
Para cuando ambas pasamos a ser universitarias las ocupaciones, la diversidad de carreras y nuestros nuevos amigos nos fueron separando. Entonces fue más fácil retomar el tema “chicos” porque yo no podía corroborarlo. Sus conquistas según ella rápidamente terminaban en fracaso. Fue entonces que armé el operativo “rescate” “arreglando” un romance entre mis dos mejores amigos: obviamente ella y mi compañero, amigo y cómplice del secundario. ¡Hermoso! Hermoso ser humano, divertido y como plus el chico mas fachero que podía encontrar… Pero lenta e íntimamente tuve que comenzar a admitir, a aceptar que algo no andaba bien. Mi amigo (a quien cualquier chica moriría por estar con él, estaba mas bueno que Di Caprio en su momento) me decía que ella era muy fría, muy distante, que sentía que siempre lo frenaba y que “apretar” (besarla) con ella era un acto inalcanzable con un preludio poco común como laborioso. Ambos nos dijimos implícitamente lo que no nos atrevíamos a decirlo en voz alta (insisto, no por prejuicio, sino por falta de cotidianeidad) y nunca mas insistí con temas como estos.
Yo formé mi familia, ella antes que yo logró ser una profesional exitosa, reconocida con medallas de honor por su meteórica carrera, por su inigualable promedio en todo el NEA. (Becada para especializarse) Con tremendo logro nos fuimos disipando poco a poco hasta que un día… un encuentro casual en su casa (que ya casi se había convertido en lugar de paso) me enfrentó nuevamente a la realidad. Su llanto desconsolado no le permitía hablar con fluidez y solo repetía una y otra vez que estaba triste, muy deprimida porque no podía encontrarse con el amor. Para entonces yo tenía veinte largos, se supone que podía haberme dado cuenta de lo que con tanto dolor me quería decir… supongo que de alguna manera me pedía a gritos que la entendiera, que le de mi mano como signo de un “ok”, pero yo no supe leer entre líneas. ¿Qué podía hacer yo? Si había crecido, dormido, viajado, convivido, me había cambiado millones de veces con una mina. Jamás me mostró signo alguno de quererme mas que como amiga, siempre me ha respetado como persona y en cuanto a mis decisiones… ¿como podía ser objetiva yo??? Si desde siempre le hablé de hombres y ella me había respondido. No podía ni dudarlo! Si ella no me lo decía abiertamente nunca lo creería! Esa noche conmigo a su lado no pudo. Intuyo que la decisión cual estocada final para su vida estaba cerca. O se jugaba y vivía como lo sentía o viviría infeliz como hasta ahora por el resto de su vida.
Así supongo que eligió aceptar el amor de una colega que evidentemente lo había asumido al tema mucho antes y la ayudó a perfilar su destino. Después de aquel encuentro pasó un largo tiempo y por teléfono hay cosas que no pueden advertirse, hasta que obligadamente nos encontramos en su cumpleaños. Varios de los íntimos veíamos en ellas un trato mas que amistoso, un regalo sumamente costoso lo hacía mucho mas dudoso. En la mesa el hermano de mi amiga (ajeno e inocentemente se animó a bromear con el tema ante las miradas atónitas de los otros comensales que también como yo desconfiaban de esta nueva amistad). Esa noche abandonamos la casa de sus padres con la convicción de que no había retorno. Esa noche me empezaron a caer todas las fichas juntas.
Ella rápidamente emigró a otro país donde ya su colega la había ubicado muy bien y en algún lugar del globo vive su vida y su sexualidad como mejor le place. Lo triste de todo esto: Es que tuvo que alejarse de sus amigos, familia, entorno, para vivir con libertad y no “hacernos pasar vergüenza a todos nosotros”.
Sus padres “dos personas heterosexuales” engendraron una niña, nació mujer y nadie con maniobras externas le ha inducido una sexualidad distinta, ni le inyectaron la droga del lesbianismo, ni la contagiaron de la peste lésbica… ella sintió naturalmente su instinto masculino (desde chiquita su voz era tan grave como la de un varón) lo fue sintiendo y percibiendo a lo largo de toda su vida y seguramente lo acalló, lo silenció como pudo, hasta que no pudo mas. Hasta que decidió liberarse de su condena natural y asumir lo que siente de la manera mas natural que pudo. Lamento amiga mía no haber podido acompañarte en tu búsqueda, a facilitarte una identidad, a reconocerte, a ponerte el hombro como esa noche en que te desangraba el corazón en un llanto desconsolado. Yo te hubiera dicho que te fueras, sin duda, que te fueras a vivir tu vida y a ser un “ser humano feliz”.
Por eso hoy cuando escucho argumentar a quienes se oponen a la ley del matrimonio gay sosteniendo lo anti natural de la relación yo les digo… si lo que sintió mi amiga a lo largo de toda su vida no fue natural ¿qué fue? ¿Más natural que una niña de tres años que entre elegir una muñeca colecciona autitos? ¿Más natural que ir agravando su voz, endureciendo sus gestos y posturas con el paso de los años? Si nacer así no es natural no veo la manera en que anti-naturalmente la hayan inducido de niña a inclinarse a gustos y practicas masculinas.
Sé concienzudamente de muchos otros casos similares (de amigos gais) que han luchado horrores para revertir lo que sentían, alguno incluso llegó a casarse con una mujer para no avergonzar a sus padres. Irónicamente su esposa falleció poco después de dar a luz y ese chico (hoy un hombre) se crió entre gais y ni él ni yo nos hemos contagiado de la homosexualidad por convivir con ellos. ¿Saben por qué? Porque la inclinación sexual se siente desde siempre, está inserto en nosotros desde que venimos al mundo… después que alguien tarde más o menos en asumirlo es un tema de cada uno, de su entorno, de su realidad.
No puedo ser hipócrita y no admitir que una manifestación de amor entre dos personas del mismo género aún hoy me choca, pero es algo que puedo convenir con mis amigos gais… y si yo puedo respetarlos a ellos, felizmente se que lo hacen conmigo reservando su relación para la intimidad. No se trata de tolerancia, se trata de RESPETO MUTUO. No se trata de individuos, se trata de PERSONAS QUE COMO TAL TIENEN DERECHO A TENER DERECHOS Y NO SER DISCRIMINADOS NI RESTRINGIDOS LEGALMENTE EN VIRTUD A SU ELECCIÒN SEXUAL. Y ME PARECE DE UNA POBREZA HUMANA Y ESPIRITUAL QUE “TAN JUSTO LA IGESIA CATOLICA” SEA LA QUE MAS OBSTACULO PONGA SOBRE ESTA LEY QUE NO SOLO VIENE A SALDAR UNA DEUDA DE TIPO JURÌDICA CON LA COMUNIDAD HOMOSEXUAL, SINO TAMBIEN SALDA UNA DEUDA “DE TIPO HUMANA”. ¡Por Dios estamos hablando de personas!
Ruego a Dios que nuestros legisladores tengan la suficiente luz y madurez jurídica para abordar un tema tan caro a quienes tenemos amigos o familia en esta comunidad. (Solo quieren proteger su patrimonio, tener derecho a heredarse sin que la familia de ellos los deje en la calle ante su muerte. Que se les permitan decidir por el ser amado ante una cirugía o una situación límite, a presenciar el lecho de muerte... Y tantas otras situaciones en que son dejados de lado por no tener derecho). SI QUIEREN NO SEAN JUSTOS, PERO SEAN HUMANOS.
• Plural de gay es “gais”

5 comentarios:

  1. ¡simplemente gracias!vos sabes (ºjº)

    ResponderSuprimir
  2. Clau Larisa (peru)

    Todos tenemos derecho a ser como queramos sin ningun perjuicio... clau kant la mejor ¡¡

    ResponderSuprimir
  3. Clau amiga, gracias x tus palabras me dio mucha emociòn leer tu email. Muchas gracias!!!

    ResponderSuprimir
  4. me encanto lo que escribiste!!!!!.... Por suerte se aprobo la ley y ahora pueden disfrutar de su sexualidad tranquilos...

    ResponderSuprimir