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miércoles 18 de agosto de 2010

desARRAIGADOS en Sobredosis de Conexión


Para algunos simplemente imaginarse lejos del barrio ya es un hecho imposible máxime si ello implica dejar atras los amigos, el bar de siempre, etc.
Cambiar de ambiente, de escenario, de cultura incluso hasta de idioma no es empresa fácil. A la ansiedad de ese futuro promisorio se antepone lo tortuoso del desarraigo y a menos que seas una persona dinámica sociable y espiritualmente la adaptación resulta trabajosa.
Aquellos que alguna vez dejamos el terruño experimentamos la sensación de entrar en una “dimensión desconocida” hasta que poco a poco ella nos atrapa o nosotros mismos posibilitamos su permeabilidad y vamos descubriendo la otra cara de la moneda. El que se atreve, el denominado “ciudadano del mundo” y aquel otro que veinte años después sabemos que continuará en el mismo teléfono; en la misma casa; con sus mismos muebles y las mismas cortinas -como perteneciendo al decorado de un libro que de viejo se va volviendo amarillo-… Y está bien que así sea, pues la vida se compone de estos contrastes en todos los órdenes.
Dentro de este contrasentido admito que no conozco a nadie que dejando su tierra de origen no padezca de “nostalgia” o no experimente la exacerbación del sentimiento de “pertenecer a” ese lugarcito en el mundo complementándolo con la emociòn.
Y si! El hombre tiene esa extraordinaria conexión con su tierra por lo cual eternamente se siente ligado a ella y es lo que hace que siempre queramos volver… Entonces: lo que natura no da la tecnología te lo provee!!! Ahora estamos “arraigados” a la comunicación que nos permite volver cuando queramos a nuestro lugarcito de origen, hablar con los amigos del barrio, verlos, conocer a sus hijos, relacionarnos con gente que no veíamos incluso cuando nos separaban cuarenta cuadras. El que se va, no se va del todo y el que se queda siempre está abierto al mundo con solo hacer un clic o iniciar la sesión. Nos acercamos y nos hacemos parte del mundo, de ese mundo que antes vimos lejano. No nos enraizamos al suelo pero nos dejamos atrapar por la comunicación al punto que padecemos de sobredosis comunicativa: mensajes de textos; email; Facebook; Twitter; Skype; MSN; etc. Ya no nos perdemos detalle respecto de la vida de nuestros seres queridos, salvo el calor de un abrazo. Donde había un hueco la genialidad de la tecnología vino a llenarla con la comunicación.
Yo no coincido con quienes dicen que la web 2.0 aísla o enmudece, pues yo sería una muda en este momento y sin embargo mi leitmotiv es la expresión. Por el contrario sostengo que nos aúna, nos facilita la comunicación y hace que aprendamos a escribir aquellas palabras que antes nos costaba decir: “Te quiero”; “Te extraño”…

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